Todo indica que para las municipales del 2012 no habrá Inscripción automática ni voto voluntario; sobre todo, porque se acaba el plazo legal y por las últimas indicaciones de un grupo de personeros DC (con apoyo de parlamentarios de otros partidos) tendientes a reponer el voto como obligatorio. La discusión política y legislativa lleva un par de años y no hay acuerdo definitivo.
En marzo del 2009 se pensó que la iniciativa avanzaría de manera rápida, luego de que el parlamento aprobara una reforma constitucional que consagraba ambas iniciativas (inscripción automática y voto voluntario). En esa dirección, solo faltaba la ley que hiciera operativa la reforma. Ha pasado el tiempo y la puesta en marcha de esta reforma política de “rango medio” ha quedado en suspenso y tendría fecha para su estreno en las parlamentarias y presidenciales del 2013.
Pero, si la clase política no se atrevió a jugar con la incertidumbre de los nuevos electores en las municipales, ¿tendrá la valentía para hacerlo en las presidenciales y parlamentarias donde lo que se juega es mucho mayor? En un momento hubo tiempo y voluntad; no obstante, se estanco y frustró. Entonces, ¿por qué, no puede pasar lo mismo en el nuevo escenario?
¿A qué se debe esta situación? El retraso y su postergación se deben a tres situaciones interrelacionadas; a) aspectos legales, b) operativos y c) políticos. En primer término, se trata de una reforma constitucional que involucra iniciativas de rango Orgánico Constitucional. Sin embargo es, finalmente, una cuestión de tener la voluntad política y legislativa para avanzar de manera rápida si existen los consensos, las urgencias y los quórum legislativos. Mucha boca, poca acción.
En segundo lugar, están los aspectos operativos y de implementación. ¿Hay voluntad e interés en avanzar operativamente? En realidad, no es muy complicado implementar el sistema en términos de generar las condiciones materiales para que funcione un padrón electoral que debería estar en torno a los 13 millones de electores a junio del 2012. Entre lo más relevante se encuentra el tema de los domicilios de cada elector y la definición de donde vota. Además, el Servel tendría que hacerlo por mandato constitucional.
Y en tercer lugar, el aspecto político que tiene como horizonte los intereses y miedos de la clase política. Quizás, la lentitud legislativa se explique porque los actores políticos (gobierno y partidos) tienen visiones distintas en relación a los efectos del potencial ingreso masivo de los nuevos electores. En rigor, miedo a los efectos.
Esta reforma política hay que entenderla en el marco de dos consideraciones. En primer lugar, debe insertarse en un conjunto amplio de otros cambios políticos que apunten hacia una democracia más amplia e inclusiva, en la que el voto de cada ciudadano valga lo mismo. Entre las reformas que se mencionan están las primarias, la elección de los consejeros regionales, el voto de los chilenos en el exterior, la iniciativa popular de ley y otras. Son todas reformas menores que no resuelven la crisis actual de la política. Por ello, el fin al binominal y una asamblea constituyente serían los máximos hitos de este proceso de cambio político que se ha puesto en marcha. La representación y la participación no se mejoran con reformas “de rango medio”.
En segundo lugar, hay ciertos consensos en el mundo político y social de que hay que hacer cambios importantes. Las reformas políticas que se vienen tienen como objetivo hacer el ajuste entre política, ciudadanía y desarrollo. Ese es el desafío político de los próximos años. El conflicto y el retraso surgen porque hay posturas distintas respecto de cada tema a discutir. Sin embargo, en la inscripción automática y en el voto voluntario había un consenso muy amplio. ¿Qué ha pasado?
¿Qué busca esta reforma? Sin duda, contribuir a “perfeccionar y legitimar” nuestra democracia. Son varias las razones que circulan acerca de las bondades de esta reforma (es decir, Inscripción automática y voto voluntario). Entre ellas, aumenta de manera considerable la participación (sobre todo, entre los menores de 30 años), aumenta la legitimidad y prestigio de la política y los políticos, fortalece la democracia y da una señal de pluralismo, igualdad e inclusión.
El aumento de los electores es, sin duda, considerable y el elemento base de la reforma. Es la incertidumbre y el miedo electoral. En rigor, prefiero hablar de potenciales electores; ya que, nada asegura que concurrirán de manera masiva a las urnas, sobre todo si el voto es voluntario. Se estima que el total de nuevos electores será de 4.5 millones.
Voy hacer una estimación a partir de las proyecciones de población que hace el INE al 30 de junio del 2012. Hacia esa fecha, el país tendría una población de 17.4 millones de habitantes. Los mayores de 18 años alcanzan la cifra de 12.777.697; es decir, 12.8 millones de electores potenciales. En términos de intervalos de edad, el 26.9% se encuentran entre los 18 y 29 años (3.430.769), el 30.7% entre los 30 y 45 años (3.916.775). El 18% entre 46 y 60 años (2.312.495). Los mayores de sesenta representaran el 24.3% de los electores (3.113.658). A su vez, 57.6% tendrá menos de 46 años. Yo diría que, si bien es un padrón electoral más joven que el actual; no lo es tanto. Diría que se trata de un “rejuvenecimiento relativo”. El cambio más fuerte se dará en el tramo de 18 a 29 años; pasando de una representación en el padrón electoral del actual 9.2% al 27%. Este es, sin duda, un gran cambio.
El voto voluntario es parte de la “libertad política”. Ha emergido en los últimos días una discusión teórica e ideológica en torno a lo que implica para una democracia tener “voto voluntario u obligatorio”. No voy a entrar a ese debate. Por lo demás, a esta altura de la discusión eso ya debería estar zanjado, aun cuando en su momento la DC era partidaria del “voto obligatorio”. Hubo dos años para debatir este punto. ¿Qué efectos genera esta reforma? Si esta reforma no forma parte de un amplio conjunto de cambios políticos que terminen en algún momento con el binominal, no tendrá efectos políticos relevantes a corto ni mediano plazo. Es cierto, hay incertidumbre en términos de donde se irán esos votos.
En el marco del sistema electoral vigente, el mayor efecto es que estos nuevos electores aumenten los quiebres de la “lógica binominal”. En 20 años de democracia se ha quebrado el binominal sólo en 15 oportunidades. Si los nuevos electores apoyan mayoritariamente una tercera fuerza política, aumentaría de manera relevante la competitividad en el sistema. Sería una forma de terminar con el binominal desde dentro. Quebrarlo en los hechos. Un binominal podría perfectamente funcionar con una lógica “tripolica” (es decir, tres pactos electorales competitivos).
Sin embargo, también puede ocurrir la situación contraria; de que, el binominal siga reproduciéndose y terminara con seguir consagrando el empate político electoral.
El gran efecto, por tanto, es que los nuevos electores contribuyeran a este cambio. A la consolidación de una tercera fuerza política. Mientras tanto, todavía no hay inscripción automática. Y tampoco posibilidades institucionales de terminar con el binominal. Hacerlo desde dentro también es posible. La inscripción automática podría ser clave para ese objetivo político.
http://www.elquintopoder.cl/
martes, 29 de noviembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
La hipocresía de negarse a la educación cívica
Mucho se llenan la boca con la democracia. Muchos se arropan con banderas republicanas y casi todos son un puñado de pusilánimes hipócritas que harán lo que sea por mantener sus cuotas de poder. Las cuotas personales y las de la fronda a la que pertenecen.
Como ven, estoy furiosa. Enervada por este puñado de dizque representantes del pueblo pero que finalmente representan sus propios nichos e intereses.
La semana pasada entró a votación en el Senado la propuesta que del Ejecutivo sobre la reforma a la Ley Electoral, modificando la inscripción y el voto, pasando a ser automática en lugar de voluntaria la primera y voluntario en vez de obligatorio el segundo. Particularmente, sostengo que la inscripción debe ser automática y voto obligatorio. Pero ese no es el tema que nos convoca, sino uno que tiene relación con él, con nuestra historia y nuestra sociedad actual.
El artículo 8 del proyecto, que alude a la modificación de la Ley de Inscripción Electoral, modificaría los artículos 29 y 30 de la Ley General de Educación (LGE). Estos dicen relación con que es deber de la educación básica y media impartir los conocimientos necesarios para que los niños se conviertan en personas de bien y ciudadanos virtuosos, sin que ello implique necesariamente que tales contenidos constituyan una asignatura en sí misma. Pues bien, el mentado artículo 8 introduce una modificación que dice que, en cada nivel escolar, debería haber una asignatura dedicada especialmente a educación cívica. El espíritu que hay detrás de esta propuesta es que, dado que el voto sería voluntario, cada persona que concurra a las urnas debe tener las herramientas necesarias para, primer, decidir ir a sufragar y segundo para hacerlo en conciencia a sus propias convicciones.
Esta propuesta fue rechazada en bloque, salvo por el senador RN Antonio Horvath, por todo el bloque oficialista.
¿Las razones? Pocos, la minoría a decir verdad, argumentaron que el artículo 8 atentaba contra el espíritu de la LGE, razón que me parecería aceptable desde una perspectiva jurídica, pero la inmeeeeeensa mayoría de honorables dijo que eso no era de su competencia, que no era materia de debate y que ya había un acuerdo previo respecto a esa materia entre el Ministerio de Educación y el Servicio Electoral (acuerdo del que poco y nada se sabe). Por otro lado, a Víctor Pérez no le parece aceptable haber incorporado esas modificaciones.
Señor Pérez, ¿Qué es lo tan terrible? ¿Qué es eso tan inaceptable? ¿Cuáles son sus reparos? Pero argumende con propiedad y no como gato de espaldas reticente a perder el poder que le da la ignorancia ciudadana.
Es un imperativo moral educar a las personas en sus deberes y derechos como parte de un proceso de formación de ciudadanos. Es impresentable, por tanto, que nuestra malla curricular escolar lo omita olímpicamente. Es más, recordemos que a inicios del 2011 incluso pretendieron restar horas de historia en las salas de clases.
¿Tanto miedo le tienen a la historia? ¿O es que la conciencia la tienen tan sucia que no son capaces de mirar el pasado reciente del que ellos también formaron parte y, por cierto, avalaron?
Es impresentable rechazar de la manera en que lo han hecho, la propuesta de implantar asignaturas de educación cívica en los niveles escolares, y más aún hacerlo con argumentos tan pobres como los esgrimidos por la mayoría de los senadores de la Alianza. Su hipocresía me indigna y su actuar me da asco.
Qué más se puede esperar de un sector que cuenta con senadores no electos que deciden por personas que nunca votaron por ellos.
Qué más esperar de quienes defienden a rajatabla las bases del sistema en el que vivimos, quienes se oponen a reformas educacionales, de salud y tributarias y que defienden con uñas y dientes sus espacios de poder.
Yo no espero nada de ellos, pero exijo que se comporten a la altura de sus cargos. Soy una ciudadana plenamente consciente de mis deberes y derechos y dentro de estos está exigir a las autoridades que nos representan que trabajen por el todo y no por las partes. Estos personajes olvidan que somos los ciudadanos quienes detentamos el poder a través del sufragio y que en ellos delegamos la representatividad, pero las riendas son nuestras. La soberanía reside en nosotros. No lo olviden, cabritos.
Así es que emplazo a recapacitar a Ena Von Baer, Gonzalo Uriarte, Baldo Prokurica, Víctor Pérez, Jaime Orpis, Jovino Novoa, Alejandro García-Huidobro, Alberto Espina, Juan Antonio Coloma y Francisco Chahuán. Sobre todo a la señora Von Baer que, tras perder una elección, fue nombrada ministra y removida de ese cargo para asumir como senadora sin haber obtenido un solo voto para ello.
Senadores que rechazan formar ciudadanos porque para ellos somos meros instrumentos electorales. Pero aún tenemos patria, ciudadanos, y profesores porfiados que, aunque sea a grito pelado en las calles, formaremos ciudadanos conscientes y responsables.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Si las elecciones fueran hoy, ¿ganaría la Concertación?
Después de revisar la encuesta de Adimark correspondiente al mes de octubre, aparte de confirmar el bajo nivel de aprobación que tiene el gobierno, también se confirma una tendencia que a algunos miembros de la Concertación debería “desconcertar”; el bajo nivel de aprobación de su gestión, un 14%. Quienes pensaron que era suficiente ponerse al lado de los líderes del movimiento estudiantil y sumarse al eslogan sobre la preferencia del diálogo, deberían pensar también que su estrategia (si es que se puede llamar así) está totalmente desorientada.
Considerando que el país está en una crisis de representación, de acuerdo a lo expuesto por el historiador Sr. Gabriel Salazar, me dispuse a buscar una encuesta que reflejara el momento que vivía la coalición al terminar uno de los gobiernos mejor evaluados por la ciudadanía, el de la Sra. Michelle Bachelet, quién en enero del 2010 esgrimía un 83% de aprobación en su gestión, con un gobierno que llegaba al 65% de aprobación. En este escenario, que debería haber sido favorable para el conglomerado, la Concertación ya demostraba un decaimiento, una aprobación del 30%, que vaticinaba lo que sucedería meses más tarde.
Sería bueno que la proyección de ese dato, en ese momento se hubiese tomado para programar una agenda de actividades y debates que consolidarán ciertos liderazgos, que pudiesen en un plazo de dos años ponerlos en las pistas nuevamente con una aprobación que permitiese vislumbrar las elecciones del 2014 como una oportunidad para reafirmar la representación ciudadana y ponerle color nuevamente al arcoíris. Ya llevamos 22 meses del 30% de aprobación y lo que debía al menos mantenerse, cae a menos de la mitad. ¿Quiénes se responsabilizan por esto? Pregunto porque cada partido debe tener en sus filas personas que puedan asesorar a sus miembros, para que sus actos y opiniones permitan captar la sensibilidad pública y se pongan a disposición de la ciudadanía. Pareciera que están muy preocupados de lo que hace y deja de hacer el gobierno, pero no en los aspectos relevantes, sino en los “pobechitos” y palabrerías que en las circunstancias sociales que vive el país, deberían quedar al margen.
Si las elecciones fueran hoy, ¿ganaría la concertación? Esta pregunta se hace considerando que el gobierno actual, cuya aprobación ciudadana es paupérrima, ha podido poner dos liderazgos competitivos que están en la memoria ciudadana. A ellos se asigna altos niveles de aprobación, por lo que cuentan con, al menos, dos potenciales candidatos para el 2014. Puede ser que la aprobación de la gestión del gobierno esté en un 28% en su conjunto, pero hay por lo menos 4 ministros que superan el 70%.
Ahora la Concertación. De acuerdo a la encuesta CEP junio-julio 2011 en la pregunta"¿Quién diría usted que es la figura más importante de la Concertación?", solo se aprecia el liderazgo confirmado y aceptado por todos de la señora Michelle Bachelet, con un 58%. Los otros miembros del conglomerado no aparecen como figuras importantes. Y en la evaluación persona a persona, solo cuatro logran una evaluación positiva superior al 40%: Soledad Alvear (46%), Ricardo Lagos Escobar (41%), Andrés Velasco (42%) y Carolina Tohá (44%). Por otro lado, pero en la misma dirección, en la Adimark de Enero 2010, los ministros mejor evaluados eran Francisco Vidal (51%) y Andrés Velasco (67%).
Entonces, ¿ganaría la Concertación? Si los políticos nombrados anteriormente (exceptuando a Michelle Bachelet), que cuentan al menos con un reconocimiento ciudadano, hoy no tienen la suficiente consistencia potencial como candidatos, y si el único que ha levantado su potencial candidatura, Velasco, es cuestionado por el conglomerado con el cual compartió un proyecto exitoso, se ve poco probable. Recordemos lo que pasó con la candidatura de. Enríquez-Ominami, donde en vez de buscar un camino común para enfrentar las elecciones, fue ninguneado en más de una oportunidad, con las consecuencias que usted ya sabe.
Estamos a poco tiempo de que comience la competencia política, y el conglomerado no está fortaleciendo sus ideas ni liderazgos.
jueves, 3 de noviembre de 2011
El Duopolio Alianza-Concertacion.-
La “oligarquía electoral”, o lo que se conoce como el “duopolio Alianza-Concertación”, genera el hecho de que, a nivel de diputados, entre el ’89 y el 2009, sólo en 14 oportunidades se ha elegido un candidato que no pertenece a ninguna de las dos coaliciones dominantes. La brutalidad se observa cuando constatamos que esa cifra representa sólo el 1,9% del total de los escaños en competencia (720). En el Senado eso ocurrió cuando, en el 2005, salió electo el Senador Bianchi por la 19° circunscripción; cifra, que representa el 0,8% de los escaños en disputa a ese nivel (132). Considerando ambas cámaras, sólo se ha logrado romper el binominal en el 1,7% de los casos.
Los “15 de la fama” se distribuyen de la siguiente manera. En las parlamentarias de 1989 fueron tres los que rompieron el “enclave binominal”; en 1993, ninguno, en 1997, en cuatro distritos; en el 2001, una vez y en el 2005 en dos ocasión (un diputado y un Senador). En las últimas, del 2009, ocurrió en 5 casos.
En las parlamentarias del ’89 hay tres diputados que no pertenecen a ninguno de los pactos dominantes. Son dos que van en la lista del PAIS (Juan Pablo Letelier en el distrito # 33 y Juan Martínez en el distrito # 45) y uno que va como Independiente fuera de pacto (IFP) en el distrito # 42, y que es el diputado Hosain Sabag Castillo, militante de la DC. Este hecho, determina que la Concertación pasara de 69 diputados a 72 en el primer parlamento de la re-democratización.
En el ’89, el binominal (más los senadores designados) salvó a la derecha de una debacle electoral que hubiese cambiado el panorama político de los años siguientes. En esta elección es cuando el binominal funciona con la mayor distorsión conocida a la fecha. Es la “camisa de fuerza” que le da un respiro a la derecha. Los doblajes podrían haber sido mayores si la lista de la Concertación y la del PAIS hubiesen ido juntas.
En las parlamentarias del ’93 todos los cupos se los lleva el pacto duopolico. Sin embargo, se observa que Letelier y Sabag repiten son re-electos en el marco del pacto Concertación. En el distrito # 45 aparece la figura de Navarro. En esta elección la Concertación se queda con setenta diputados.
En las parlamentarias del ’97 hay cuatro diputados que logran romper la lógica binominal. Salen dos diputados electos como independientes fuera de pacto y dos pertenecientes a la desaparecida Unión de Centro Centro (UCC). Los Independientes fuera de pacto son Rosa González, en el distrito # 1, y Samuel Venegas, en el distrito # 15 (que en la elección anterior había sido electo en la lista de la DC). Los electos y militantes de la UCC son Alejandro García Huidobro, en el distrito # 32 y María Ovalle, en el distrito # 35.
En esa ocasión sólo uno tiene vínculos con la Concertación (Venegas) y los otros tres son cercanos a la derecha; de hecho, Rosa González y García-Huidobro se convirtieron en militantes de la UDI y la esposa de Fra-Fra desapareció de la escena política. En la siguiente elección son reelectos en los mismos distritos Venegas, González y García; el primero como militante radical y los otros dos en representación de la UDI.
En las parlamentarias del 2001 sólo hay un diputado electo que no pertenece a la “oligarquía electoral”. Se trata del independiente fuera de pacto Iván Paredes Fierro en el distrito # 1; no obstante, es una figura vinculada a la Concertación; específicamente al mundo socialista. De hecho, en la elección siguiente es electo en la lista de la Concertación como militante del PS; y anteriormente, había sido Alcalde Socialista.
En las parlamentarias del 2005 nuevamente hay un solo diputado que rompe la lógica binominal. Se trata de Marta Isasi Barbieri, perteneciente al Partido de Acción Regionalista, que forma parte del pacto Fuerza Regional Independiente (lista A). Es electa en el distrito # 2. En la elección siguiente es electa como Independiente UDI en el marco del pacto de la derecha. En esta elección hay que agregar al Senador Bianchi, que es elegido como independiente Fuera de Pacto.
En las parlamentarias del 2009 hay cinco diputados que rompen el binominal. De ellos, tres pertenecen a un Partido y dos son IFP. Los electos por el PRI (Partido Regional Independiente) son Pedro Araya, en el distrito # 4; Luis Lemus, en el distrito # 9 y Alejandra Sepúlveda en el distrito # 34. Los independientes fuera de pacto son Pedro Velásquez en el distrito # 8 y Miodrad Marinovic en el distrito # 60.
Los electos en el pacto del PRI tienen vínculos con la Concertación; aún cuando se planteen como alternativa al duopolio. Sepúlveda y Araya tienen vínculos con la DC y Lemus con el PS. De los tres IFP, dos son cercanos a la derecha (Bianchi y Marinovic) y uno a la DC (Pedro Vélasquez).
Los “15 de la fama” representan, por tanto, ese pequeño número de diputados que han logrado (dadas ciertas características en sus espacios local-electorales) romper el “duopolio binominal” siendo electos como Independientes fuera de pacto o como miembros de otro pacto-partido.
De los “15 de la fama”, nueve han tenido o tienen vínculos con la Concertación y seis con la derecha. La “camisa de fuerza” que caracteriza la “oligarquía electoral” se expresa y fortalece cuando observamos, por tanto, que de una u otra manera son figuras vinculadas a los partidos del “duopolio binominal” (antes o después de la elección). Es decir, debe existir cierto vínculo o parentesco con el duopolio para tener posibilidades de ser electo.
Otro aspecto que hace posible que se rompa el binominal es que se trata, en su mayoría, de políticos con fuertes rasgos de liderazgo cacical al interior de sus espacios locales (Venegas, Sabag, Velásquez, Rosa González, Paredes, Araya y Lemus).
Y finalmente, encontramos el hecho de que en la mayoría de los casos los pactos oficiales han llevado candidatos muy débiles que no sólo debilitan la opción “duopolica”, sino también –y a su vez-, fortalecen la opción del IFP o del partido en competencia como ha ocurrido con el PAIS, PRI y la UCC. En este caso, sólo el pacto del PAIS tuvo en sus respectivos distritos una Concertación débil.
Se observa, por tanto, que es poco probable romper la “oligarquía electoral” vigente (casi imposible). Este hecho, está a) ahogando la participación político-ciudadana, b) desprestigiando la política y sus representantes, c) debilitando la competencia político-electoral (¿para qué competir?), d) debilitando la representación social y política, e) estancando las demandas ciudadanas y f) aumentando el conflicto socio-político. En definitiva, la “oligarquía binominal” está generando una democracia estancada, sin incentivos para competir y sin poder escuchar a los ciudadanos; que son, los verdaderos y únicos soberanos.
http://www.elquintopoder.cl/
Los “15 de la fama” se distribuyen de la siguiente manera. En las parlamentarias de 1989 fueron tres los que rompieron el “enclave binominal”; en 1993, ninguno, en 1997, en cuatro distritos; en el 2001, una vez y en el 2005 en dos ocasión (un diputado y un Senador). En las últimas, del 2009, ocurrió en 5 casos.
En las parlamentarias del ’89 hay tres diputados que no pertenecen a ninguno de los pactos dominantes. Son dos que van en la lista del PAIS (Juan Pablo Letelier en el distrito # 33 y Juan Martínez en el distrito # 45) y uno que va como Independiente fuera de pacto (IFP) en el distrito # 42, y que es el diputado Hosain Sabag Castillo, militante de la DC. Este hecho, determina que la Concertación pasara de 69 diputados a 72 en el primer parlamento de la re-democratización.
En el ’89, el binominal (más los senadores designados) salvó a la derecha de una debacle electoral que hubiese cambiado el panorama político de los años siguientes. En esta elección es cuando el binominal funciona con la mayor distorsión conocida a la fecha. Es la “camisa de fuerza” que le da un respiro a la derecha. Los doblajes podrían haber sido mayores si la lista de la Concertación y la del PAIS hubiesen ido juntas.
En las parlamentarias del ’93 todos los cupos se los lleva el pacto duopolico. Sin embargo, se observa que Letelier y Sabag repiten son re-electos en el marco del pacto Concertación. En el distrito # 45 aparece la figura de Navarro. En esta elección la Concertación se queda con setenta diputados.
En las parlamentarias del ’97 hay cuatro diputados que logran romper la lógica binominal. Salen dos diputados electos como independientes fuera de pacto y dos pertenecientes a la desaparecida Unión de Centro Centro (UCC). Los Independientes fuera de pacto son Rosa González, en el distrito # 1, y Samuel Venegas, en el distrito # 15 (que en la elección anterior había sido electo en la lista de la DC). Los electos y militantes de la UCC son Alejandro García Huidobro, en el distrito # 32 y María Ovalle, en el distrito # 35.
En esa ocasión sólo uno tiene vínculos con la Concertación (Venegas) y los otros tres son cercanos a la derecha; de hecho, Rosa González y García-Huidobro se convirtieron en militantes de la UDI y la esposa de Fra-Fra desapareció de la escena política. En la siguiente elección son reelectos en los mismos distritos Venegas, González y García; el primero como militante radical y los otros dos en representación de la UDI.
En las parlamentarias del 2001 sólo hay un diputado electo que no pertenece a la “oligarquía electoral”. Se trata del independiente fuera de pacto Iván Paredes Fierro en el distrito # 1; no obstante, es una figura vinculada a la Concertación; específicamente al mundo socialista. De hecho, en la elección siguiente es electo en la lista de la Concertación como militante del PS; y anteriormente, había sido Alcalde Socialista.
En las parlamentarias del 2005 nuevamente hay un solo diputado que rompe la lógica binominal. Se trata de Marta Isasi Barbieri, perteneciente al Partido de Acción Regionalista, que forma parte del pacto Fuerza Regional Independiente (lista A). Es electa en el distrito # 2. En la elección siguiente es electa como Independiente UDI en el marco del pacto de la derecha. En esta elección hay que agregar al Senador Bianchi, que es elegido como independiente Fuera de Pacto.
En las parlamentarias del 2009 hay cinco diputados que rompen el binominal. De ellos, tres pertenecen a un Partido y dos son IFP. Los electos por el PRI (Partido Regional Independiente) son Pedro Araya, en el distrito # 4; Luis Lemus, en el distrito # 9 y Alejandra Sepúlveda en el distrito # 34. Los independientes fuera de pacto son Pedro Velásquez en el distrito # 8 y Miodrad Marinovic en el distrito # 60.
Los electos en el pacto del PRI tienen vínculos con la Concertación; aún cuando se planteen como alternativa al duopolio. Sepúlveda y Araya tienen vínculos con la DC y Lemus con el PS. De los tres IFP, dos son cercanos a la derecha (Bianchi y Marinovic) y uno a la DC (Pedro Vélasquez).
Los “15 de la fama” representan, por tanto, ese pequeño número de diputados que han logrado (dadas ciertas características en sus espacios local-electorales) romper el “duopolio binominal” siendo electos como Independientes fuera de pacto o como miembros de otro pacto-partido.
De los “15 de la fama”, nueve han tenido o tienen vínculos con la Concertación y seis con la derecha. La “camisa de fuerza” que caracteriza la “oligarquía electoral” se expresa y fortalece cuando observamos, por tanto, que de una u otra manera son figuras vinculadas a los partidos del “duopolio binominal” (antes o después de la elección). Es decir, debe existir cierto vínculo o parentesco con el duopolio para tener posibilidades de ser electo.
Otro aspecto que hace posible que se rompa el binominal es que se trata, en su mayoría, de políticos con fuertes rasgos de liderazgo cacical al interior de sus espacios locales (Venegas, Sabag, Velásquez, Rosa González, Paredes, Araya y Lemus).
Y finalmente, encontramos el hecho de que en la mayoría de los casos los pactos oficiales han llevado candidatos muy débiles que no sólo debilitan la opción “duopolica”, sino también –y a su vez-, fortalecen la opción del IFP o del partido en competencia como ha ocurrido con el PAIS, PRI y la UCC. En este caso, sólo el pacto del PAIS tuvo en sus respectivos distritos una Concertación débil.
Se observa, por tanto, que es poco probable romper la “oligarquía electoral” vigente (casi imposible). Este hecho, está a) ahogando la participación político-ciudadana, b) desprestigiando la política y sus representantes, c) debilitando la competencia político-electoral (¿para qué competir?), d) debilitando la representación social y política, e) estancando las demandas ciudadanas y f) aumentando el conflicto socio-político. En definitiva, la “oligarquía binominal” está generando una democracia estancada, sin incentivos para competir y sin poder escuchar a los ciudadanos; que son, los verdaderos y únicos soberanos.
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