La asertividad del Presidente del PPD, Jaime Quintana, tras el Consejo General en que se aprobó por unanimidad el voto político de apoyo a una eventual candidatura de Michelle Bachelet a la Presidencia de la República, lo dice todo: el partido que tuvo un origen instrumental y que hoy busca que la Concertación vire a la izquierda, simplemente no podía tener una acción distinta que sumarse a la figura que tiene más potencial el 2014, porque las ansias de volver al poder pueden más que un proyecto alternativo que implica abandonar un terreno conocido.
Más aún tras la desmejorada imagen en la quedó la facción del girardismo, después de que las malas prácticas y el clientelismo de su líder quedaran en evidencia por la denuncia (después de seis años) del ex Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, en el marco de su campaña presidencial anti partidos, lo que contribuyó a que el PPD se apurara en cuadrarse con Bachelet.
El propio Quintana, previo al Consejo General, ya había sacado la calculadora al reconocer en una entrevista televisa que si tuviera que elegir entre un potencial Frente Amplio de Izquierda con partidos y movimientos extra Concertación, y la Concertación detrás de Bachelet, no dudaría en quedarse con esta última. Lo demás es un affaire, pero –al final- parece que los papeles matrimoniales son los que mandan. El acercamiento a los movimientos y actores sociales que emprendió Girardi con miras a liderar un movimiento de izquierda que supere y amplíe la Concertación, a la luz de la definición del Consejo General de su partido parece tener un carácter tan instrumental como el origen del PPD antes del plebiscito del 88. Si les dieron la espalda durante 20 años e, incluso, la Concertación actúo como un tapón de las demandas sociales, la pretendida ampliación no se visualiza si no es respondiendo al pragmatismo de una candidatura que puntea en las encuestas como la de Bachelet.
La aspiración del PPD a generar una suerte de Frente Amplio de Izquierda al estilo uruguayo desconoce la naturaleza de las relaciones con las organizaciones sociales y políticas que se vienen construyendo en ese país desde el setenta, muy distintas a la realidad de la sociedad civil chilena, hoy indignada con la clase política y con el modelo económico y de representación política.
Que el cónclave entre la Concertación y otros partidos o movimientos de oposición como el MAS o el MAIZ se haya suspendido a solicitud de radicales y comunistas, que cuestionaron la falta de claridad de los objetivos y que el llamado se realizara desde la Concertación, generando la molestia del eje DC-PS, es una muestra más de la contraposición de visiones de los socios de la otrora coalición más exitosa en la historia de Chile y que hoy sólo están unidos por las ansias de volver al poder con Bachelet.
Las mismas que los hicieron ratificar la continuidad de la Concertación casi por defecto y sin el postergado debate de fondo, en la reunión ampliada a la que convocó Escalona y que incluyó a parlamentarios. Asimismo, la pugna entre autoflagelantes y autocomplacientes arrastrada desde los tiempos de Frei, que tuvo un revival con el round Girardi-Velasco y con la carta que estos últimos plantearon “De cara al futuro”, en la que lobbystas como Tironi, Correa o Garretón defendieron el eje centro-izquierda (tal vez aterrados con el fantasma de los tres tercios), está lejos de resolverse al interior de la Concertación.
Definido como un partido de izquierda, democrático, progresista y paritario, en su Consejo General el PPD se convenció del liderazgo de Bachelet como el más capacitado para unir a toda la oposición tras una agenda de transformaciones que tenga en su centro la lucha contra la desigualdad, seguramente sin restarse del cálculo que están haciendo todos los partidos de la Concertación para apoyar a Bachelet.
Probablemente, las respectivas movidas de los integrantes de la Concertación –incluidos intentos por ampliarla a la izquierda y candidaturas presidenciales sin grandes perspectivas de apoyo popular-, no sean más que ejercicios para marcar territorio y tener mayor participación en la correlación de fuerzas al interior de la Concertación en un nuevo período presidencial.
Ha llegado carta
Tal como ocurrió con la DC, el PPD también recibió una carta con remitente de Nueva York en que la ex Presidenta Bachelet le reconoce la capacidad que ha tenido de “poner temas e iniciar discusiones que el país había tardado tiempo en planteárselos” y que “los cambios que Chile está buscando, las demandas de los chilenos y chilenas que vemos a diario, requieren de un diálogo franco entre los diferentes actores”.
Con sus misivas, primero a la DC y luego al PPD, Bachelet no sólo ha dado señales de que ya tomó su decisión de emprender la carrera presidencial, sino también de los primeros pincelazos de un programa presidencial que cuida al centro político representado en la flecha roja, pero, además, hace un guiño al progresismo intra y extra Concertación.
Un paraguas afirmado por la ex Presidenta donde todos caben. Si a la DC le pidió apoyar una “verdadera reforma tributaria” y reformas políticas para alcanzar una democracia cada vez más legítima (tal vez considerando su capacidad de llegar a acuerdos con RN en ese tema), al PPD lo insta a generar un diálogo con otros actores y a plantear ideas concretas e innovadoras. A cada cual le da su misión.
Uno a uno los partidos de la Concertación se irán cuadrando detrás de la figura de Bachelet: el PPD acaba de hacerlo al desechar la potencial precandidatura de Lagos Weber y respaldar la de la ex Presidenta, a pesar de las intenciones de la nueva directiva de izquierdizar a la coalición de partidos por la democracia.
El PS se ha mantenido firme en su defensa del “eje histórico” con la DC, alejándose del progresismo y constituyéndose en el principal escudero del centro político, ése que Carlos Larraín busca con esmero al impulsar un acuerdo de reformas políticas con la falange y oponerse a proyectos de gobierno (como el sueldo mínimo) para diferenciarse de la UDI, la que va quedando cada vez más aislada.
El afán de la Nueva Izquierda –facción a la que pertenece la disciplinada Bachelet- por mantener las aguas calmas en miras a un próximo gobierno de la Concertación para asegurar la gobernabilidad en la antigua lógica de los consensos, encontró en Escalona un negociador del diálogo con el gobierno, que no fructificó por las críticas del PPD y porque La Moneda terminó reculando con la posibilidad de impulsar reformas políticas; y en Andrade, con el oficialismo en la discusión del sueldo mínimo, desconociendo un acuerdo del PS. Ello le costó la renuncia al partido del diputado Marcelo Díaz, que ya había dejado la vicepresidencia junto con Rossi, acusando a la dirección no respetar la democracia interna y de tener una lógica de pensamiento único.Por su parte, la DC terminará apoyando la candidatura de Bachelet y sólo está ganando tiempo al decidir en su Junta Nacional postergar la definición de su candidato/a presidencial hasta las primarias abiertas en marzo del próximo año.
El “Príncipe” que dirige a la DC, Ignacio Walker, ha sostenido que una alianza de izquierda contribuiría a ahuyentar el voto de centro y a los sectores medios, lo que constituiría un verdadero subsidio a la derecha, seguramente recordando que la Internacional de la DC no logra entender cómo la DC chilena se ha podido aliar con la izquierda.
Asimismo, sacrifica a sus “marcas propias” como Claudio Orrego y Ximena Rincón para mantener sus buenas relaciones con el PS, tal vez en el convencimiento de que el propio Walker no será candidato presidencial. Y hasta tuvo que asistir a la ceremonia de homenaje a los 104 años del natalicio de Allende para conseguir el perdón de los socialistas, después de que Aylwin unas semanas antes lo había calificado como “mal político”, asegurando que “Allende nos pertenece a todos”.
Al único de los partidos de la Concertación que no le llegó carta en su consejo general, fue al Partido Radical Social Demócrata, probablemente porque ha tenido la “osadía” de levantar una precandidatura propia del senador José Antonio Gómez, quien ha dado por muerta a la Concertación más de una vez , y de proponer reformas radicales, como la Asamblea Constituyente.
El PC, por su parte, tras lograr un pacto por omisión con la Concertación para alcaldes y un acuerdo de concejales con el PPD y los radicales, también hace sus cálculos al acercarse al paraguas que ofrece Bachelet. Aunque han condicionado su apoyo a dicha candidatura a un programa que recoja sus principales reivindicaciones, desde la izquierda se le critica su excesivo pragmatismo al aproximarse tanto a la Concertación como si ya fuera uno de ellos.
Al seguir la ruta de las cartas que Bachelet ha enviado al PPD, a la DC y antes a Camilo Escalona cuando asumió la Presidencia del Senado -en que lo mandataba a buscar los consensos-, todo indica que efectivamente la Concertación ya no se rompió –como sostiene satisfecho el férreo defensor del eje histórico, Osvaldo Andrade-, pero no por la convicción en el ideario o proyecto político de la coalición, sino porque son demasiadas las ansias de volver a La Moneda.
¿A qué?, es lo que se empieza a vislumbrar en esas mismas misivas: reformas políticas, reforma tributaria, educación pública, todos temas por los que los actores y movimientos sociales se han volcado a las calles en el último tiempo, al no encontrar mecanismos institucionales que articulen sus demandas, labor que por excelencia corresponde a los partidos políticos en un sistema democrático y que éstos no han sido capaces de desarrollar.
A Bachelet la ciudadanía le perdonó la implementación de una política fallida como el Transantiago (y eso que la sufren cada día) y el mal manejo post terremoto de un gobierno que estaba más preocupado de cerrar la puerta y apagar la luz. Pero en un próximo período no le perdonará que no implemente los cambios fundamentales que la ciudadanía organizada ha venido demandando y que ya se empiezan a vislumbrar como temas de campaña de la próxima competencia por la primera magistratura.
* Columna publicada originalmente en El Mostrador
sábado, 21 de julio de 2012
La izquierda y la brújula
Han pasado más de 200 años y todavía la dimensión izquierda-derecha sigue siendo útil –a lo menos en Chile- para ubicar y posicionar las fuerzas políticas del país. Sin embargo, el paso del tiempo va diluyendo “todo lo sólido”; el “ser” de izquierda va cambiando con los tiempos y las nuevas realidades que van emergiendo. Cada izquierda tiene su afán.
Hemos entrado a un nuevo ciclo político; y por tanto, a una reformulación de los que es y debe ser la izquierda chilena. Sin duda, estamos frente a una coyuntura relevante para su reposicionamiento político e ideológico. Los esfuerzos de los últimos meses van en esa dirección.
En este escenario, la izquierda no sólo debe reconocer su identidad histórica –lo que los identifica y diferencia-, sino también construir confianzas, compromisos, proyecto y programa. Básicamente, tiene que responder por el sentido actual del “ser” de izquierda
¿Qué significa ser de izquierda hoy?
El primer elemento que debe identificar lo encontramos en el origen del concepto. En esa dirección su identificación como “tercer estado” es un elemento doble; diferencia e identifica. Por tanto, la izquierda representa al pueblo, a las mayorías, a los postergados, a los no privilegiados; a los pobres, a los excluidos y marginados sociales; a los trabajadores y a las clases subalternas –que en la época de la revolución Francesa eran los campesinos y la burguesía emergente de corte urbano-. En la semántica política y social de la coyuntura se habla del “ciudadano”. Vemos, por tanto, que el primer elemento de su identidad se relaciona con la representación; es decir, ¿a quién debe representar?
El segundo elemento tiene que ver con la nivelación; es decir, con la igualdad. La acción política de la izquierda tiene –como foco principal- fomentar la igualdad en general y en particular para “sus representados”. Chile reclama hoy igualdad. Aquí está el elemento articulador de las oposiciones. De hecho, ya ha comenzado el diseño del “relato de la igualdad”.
El tercer elemento es más controvertido ya que se vincula con la libertad; sobre todo, si se trata de asociar los “socialismo reales” con la izquierda. La libertad política, económica y de conciencia no puede ser patrimonio de la derecha. En el plano político la izquierda fomenta las libertades públicas y la democracia. Ser herederos del “tercer Estado”, que fueron los que crearon la Asamblea Nacional, los ubica en una posición de privilegio a la hora de identificarlos como los creadores políticos de la democracia. La izquierda no puede ni debe alejarse de su vocación democrática.
Representar a “los comunes”, igualdad y libertad son los tres pilares sobre los que se refunda la izquierda actual. Son elementos transversales que no cambian con el paso del tiempo. Sin embargo, esta refundación hay que hacerla sobre la base de un proyecto país y un programa de gobierno. Hay que dar contenido a los pilares básicos. Justamente, en este punto surgen los problemas; ya que, es la instancia en que emergen los “hombres, mujeres y grupos de carne y hueso” con necesidades y demandas concretas.
Para avanzar y materializar estos aspectos, la izquierda chilena presenta algunos problemas y debilidades que dificultan su avance. Fragmentación, falta de liderazgo, diagnósticos y propuestas son tensiones que la izquierda local debe resolver.
La fragmentación es profunda. En ese escenario encontramos al socialismo oficial encarnado en el PS y sus fraccionamientos –allendistas, MAS, PAIZ,- el PC, los ecologistas, humanistas, progresistas, cristianos de izquierda y grupos diversos. ¿Cómo articular y construir proyecto desde todos estos grupos?
La raíz de esta fragmentación se vincula con el hecho de que cada segmento pertenece a universos culturales, sociales y productivos distintos. Estudiantes, trabajadores, profesionales, intelectuales, artistas, ecologistas, humanistas laicos, pobladores, etc. forman un universo muy amplio que dificulta la unidad. En el Chile actual hay muchas izquierdas. Identifico a lo menos diez.
Este hecho, se vincula a la falta de liderazgos. La izquierda chilena no tiene liderazgos nacionales con vocación de poder. ¿Quién puede liderar este proyecto? No sólo hay que consensuar proyecto y programa, sino también equipos.
Esta dispersión genera diagnósticos distintos. Se trata, principalmente, de diferencias en torno al rol de la técnica en la política y en las decisiones públicas, al del mercado, de la empresa y del capital, al rol del Estado y de la propiedad de los recursos naturales, a la inserción de Chile en el mundo; al tipo de democracia y de sociedad que se va construir, al modo de relacionarse con el mundo social, etcétera. Es más –y en esto radica su debilidad política- a sus diferencias en los objetivos y estrategias políticas de la fase.
La fragmentación y los diagnósticos tienen efectos sobre el programa. Un programa de gobierno es la propuesta y las ideas centrales con las cuáles se va gobernar el país por un periodo presidencial
específico. No se puede gobernar con la banderas de la “asamblea constituyente”, de la nacionalización de los recursos naturales y de la salud y educación gratis. Sin duda, son ejes fundamentales –sobre todo, los dos últimos-; pero, el país es largo, ancho y diverso. Hay que bajar de la ficción a la política real y dar cuenta de una infinidad de problemáticas. Política energética y ambiental, políticas públicas y el rol de los subsidios, relaciones internacionales, política tributaria, propiedad de los recursos naturales, tercera edad, política nacional de deportes, etc. La izquierda no puede olvidar que en el país existen distintos grupos e intereses y que un gobierno tiene entre sus misiones reducir la incertidumbre.
La izquierda chilena ha sido históricamente fuerte en términos ideológicos, culturales, políticos y electorales. Para la derecha y para el centro político es funcional su debilidad. Ha llegado la hora de la re-fundación. Hay historia y fuerza electoral. Sin embargo, falta unidad, liderazgo, proyecto y programa.
Hemos entrado a un nuevo ciclo político; y por tanto, a una reformulación de los que es y debe ser la izquierda chilena. Sin duda, estamos frente a una coyuntura relevante para su reposicionamiento político e ideológico. Los esfuerzos de los últimos meses van en esa dirección.
En este escenario, la izquierda no sólo debe reconocer su identidad histórica –lo que los identifica y diferencia-, sino también construir confianzas, compromisos, proyecto y programa. Básicamente, tiene que responder por el sentido actual del “ser” de izquierda
¿Qué significa ser de izquierda hoy?
El primer elemento que debe identificar lo encontramos en el origen del concepto. En esa dirección su identificación como “tercer estado” es un elemento doble; diferencia e identifica. Por tanto, la izquierda representa al pueblo, a las mayorías, a los postergados, a los no privilegiados; a los pobres, a los excluidos y marginados sociales; a los trabajadores y a las clases subalternas –que en la época de la revolución Francesa eran los campesinos y la burguesía emergente de corte urbano-. En la semántica política y social de la coyuntura se habla del “ciudadano”. Vemos, por tanto, que el primer elemento de su identidad se relaciona con la representación; es decir, ¿a quién debe representar?
El segundo elemento tiene que ver con la nivelación; es decir, con la igualdad. La acción política de la izquierda tiene –como foco principal- fomentar la igualdad en general y en particular para “sus representados”. Chile reclama hoy igualdad. Aquí está el elemento articulador de las oposiciones. De hecho, ya ha comenzado el diseño del “relato de la igualdad”.
El tercer elemento es más controvertido ya que se vincula con la libertad; sobre todo, si se trata de asociar los “socialismo reales” con la izquierda. La libertad política, económica y de conciencia no puede ser patrimonio de la derecha. En el plano político la izquierda fomenta las libertades públicas y la democracia. Ser herederos del “tercer Estado”, que fueron los que crearon la Asamblea Nacional, los ubica en una posición de privilegio a la hora de identificarlos como los creadores políticos de la democracia. La izquierda no puede ni debe alejarse de su vocación democrática.
Representar a “los comunes”, igualdad y libertad son los tres pilares sobre los que se refunda la izquierda actual. Son elementos transversales que no cambian con el paso del tiempo. Sin embargo, esta refundación hay que hacerla sobre la base de un proyecto país y un programa de gobierno. Hay que dar contenido a los pilares básicos. Justamente, en este punto surgen los problemas; ya que, es la instancia en que emergen los “hombres, mujeres y grupos de carne y hueso” con necesidades y demandas concretas.
Para avanzar y materializar estos aspectos, la izquierda chilena presenta algunos problemas y debilidades que dificultan su avance. Fragmentación, falta de liderazgo, diagnósticos y propuestas son tensiones que la izquierda local debe resolver.
La fragmentación es profunda. En ese escenario encontramos al socialismo oficial encarnado en el PS y sus fraccionamientos –allendistas, MAS, PAIZ,- el PC, los ecologistas, humanistas, progresistas, cristianos de izquierda y grupos diversos. ¿Cómo articular y construir proyecto desde todos estos grupos?
La raíz de esta fragmentación se vincula con el hecho de que cada segmento pertenece a universos culturales, sociales y productivos distintos. Estudiantes, trabajadores, profesionales, intelectuales, artistas, ecologistas, humanistas laicos, pobladores, etc. forman un universo muy amplio que dificulta la unidad. En el Chile actual hay muchas izquierdas. Identifico a lo menos diez.
Este hecho, se vincula a la falta de liderazgos. La izquierda chilena no tiene liderazgos nacionales con vocación de poder. ¿Quién puede liderar este proyecto? No sólo hay que consensuar proyecto y programa, sino también equipos.
Esta dispersión genera diagnósticos distintos. Se trata, principalmente, de diferencias en torno al rol de la técnica en la política y en las decisiones públicas, al del mercado, de la empresa y del capital, al rol del Estado y de la propiedad de los recursos naturales, a la inserción de Chile en el mundo; al tipo de democracia y de sociedad que se va construir, al modo de relacionarse con el mundo social, etcétera. Es más –y en esto radica su debilidad política- a sus diferencias en los objetivos y estrategias políticas de la fase.
La fragmentación y los diagnósticos tienen efectos sobre el programa. Un programa de gobierno es la propuesta y las ideas centrales con las cuáles se va gobernar el país por un periodo presidencial
específico. No se puede gobernar con la banderas de la “asamblea constituyente”, de la nacionalización de los recursos naturales y de la salud y educación gratis. Sin duda, son ejes fundamentales –sobre todo, los dos últimos-; pero, el país es largo, ancho y diverso. Hay que bajar de la ficción a la política real y dar cuenta de una infinidad de problemáticas. Política energética y ambiental, políticas públicas y el rol de los subsidios, relaciones internacionales, política tributaria, propiedad de los recursos naturales, tercera edad, política nacional de deportes, etc. La izquierda no puede olvidar que en el país existen distintos grupos e intereses y que un gobierno tiene entre sus misiones reducir la incertidumbre.
La izquierda chilena ha sido históricamente fuerte en términos ideológicos, culturales, políticos y electorales. Para la derecha y para el centro político es funcional su debilidad. Ha llegado la hora de la re-fundación. Hay historia y fuerza electoral. Sin embargo, falta unidad, liderazgo, proyecto y programa.
¿Y si la CUT no pasa agosto?
En el mes de agosto se realizan las elecciones de la CUT y se eligen, entre otros cuerpos directivos, el consejo directivo nacional de la Central, constituido por 60 dirigentes. Serán ellos los que deberán elegir al nuevo presidente de la Central.
En la Federación Nacional de Profesionales Universitarios de la Salud- Fenpruss, que afilia doce mil trabajadores, se tomó la decisión –en su asamblea nacional como máximo órgano resolutivo- de marginarse de este proceso electoral. Lo anterior, fundamentado en un voto político que comprende congelar el pago de cuotas y revisar la permanencia en la central en los próximos meses. Dicha medida no sólo se debe a los problemas de transparencia financiera vividos por la CUT, a la ausencia de padrones públicos y a su escasa representación sino que, principalmente, a su nulo posicionamiento en el proceso de cambios sociales y estructurales en conjunto con los diversos movimientos sociales emergentes en un Chile que está cambiando. Ni qué hablar de conducir esos cambios, como ocurrió en la mayor parte de la historia de Chile.
Fuimos gestores de la denominada Carta de los Siete, junto la Confusam, Conutt, Confederación Coordinadora de Sindicatos del Comercio (en la que participaban las tres federaciones originales), y CTC. En ese documento hicimos y mantenemos una dura crítica a la conducción de la central. La expusimos públicamente y participamos de las instancias internas donde se dio la discusión en los consejos directivos y en el congreso de la CUT. La crítica también se hizo en el ámbito interno, lo que fue rechazado por una mayoría construida de facto por la actual directiva de la CUT.
Tomamos la decisión de marginarnos de las elecciones de la central, no sólo como una señal ante el nulo cambio en la conducta política de sus dirigentes, sino como una alerta a nuestros compañeros/as de otras organizaciones sindicales que han manifestado también profundas discrepancias con el actual estado de cosas en la CUT.
Nos acercamos a un nuevo proceso electoral, en el cual uno de los partidos con una tradicional presencia en el mundo sindical, como es el Partido Comunista, debate internamente entre el grupo liderado por Guillermo Salinas, actual subsecretario general de la CUT (cargo que por lo demás no está en los estatutos de la central), y quienes optan por un cambio drástico con Cristian Cuevas a la cabeza. Las noticias del fin de semana indican que se mantiene la situación de status quo en el PC y se efectúa un arreglo cosmético en que se da la sensación de cambio sin alterar a los protagonistas. Es decir, se avanza por un lado con una dirigenta, que sería nueva en la disputa, encabezando la lista y, con sus dos candidatos más fuertes Cuevas y Gajardo como segundo y tercero respectivamente, más la presencia de uno de los dirigentes más criticados por las organizaciones sindicales disidentes y al interior del propio partido Comunista, el Sr. Guillermo Salinas, entre los 40 candidatos que lleva el PC. Debe recordarse que cuando se habla del duopolio Martínez-Salinas se quiere significar una forma de hacer sindicalismo que tiene doble responsabilidad.
Por el lado del otro actor relevante en la CUT, el Partido Socialista (con una alta tasa de militantes dirigentes/as sindicales), las noticias que llegan son poco alentadoras respecto de su propia discusión. Se intentó reactivar la comisión sindical como un medio de autonomizarse del martinismo pero ello fue visto por la actual conducción de la CUT como una maniobra para levantar una lista distinta a la que encabezará el actual Presidente de la CUT. A nivel de rumor subsiste que algunos dirigentes socialistas levantarían otra lista, sin Martínez.
Paralelo a ello se han producido una serie de situaciones que al menos hacen dudar de lo transparente del proceso electoral. Es inexplicable que, por un lado, se pida que todas las Federaciones y Confederaciones estén al día en sus cuotas, y por el otro, se acepte que las organizaciones bases de estas organizaciones ingresen sólo con el pago de las cuotas correspondientes a los tres meses previos a las elecciones. Al aceptar dichas nuevas incorporaciones no sólo aumentan las dudas acerca del proceso ¿dobles cotizaciones, dobles contabilidades de afiliados? sino que generan climas de guerrillas internos en las respetivas organizaciones. Se están sembrando vientos y se cosecharán tempestades.
Por otra parte, se ha solicitado formalmente el padrón electoral de la CUT, vía Dirección del Trabajo (con la Ley de Transparencia). Lamentablemente aún no está disponible pero entendemos que quienes lo solicitaron están dispuestos a ir a la Justicia y a los Tribunales si es necesario. La pregunta que nos hacemos es ¿por qué insistir en continuar con estas elecciones del Consejo Directivo Nacional de la CUT, sin enfrentar los problemas existentes? Problemas que, resueltos, pueden dar origen a una central protagonista de los cambios sociales que el país necesita. La única respuesta posible es que los llamados “partidos obreros” están prisioneros de sus propios errores históricos.
A estas alturas del camino, no sabemos si la actual directiva de la CUT pasa o no agosto, con las elecciones de por medio. Para muchos el dictamen del tribunal electoral de la ANEF, marca un antes y un después en el escenario sindical. Sería un desastroso panorama para el movimiento sindical presentar impugnaciones al proceso electoral de la central y que, de conformidad a lo que esté ocurriendo, se invalide esta elección.
El cuadro es desolador, grandes organizaciones sindicales fuera de las elecciones, muchos sindicatos sin reconocerse en la central y un grupo de dirigentes y agentes partidarios que controlan el padrón electoral y por tanto los resultados electorales. En este cuadro muchos optaremos por nuevos rumbos. Eso lo que está en juego hoy y que al parecer no se entiende.
* Claudio González Jara, dirigente Nacional Fenpruss. Consejero Nacional CUT 2008-2012
En la Federación Nacional de Profesionales Universitarios de la Salud- Fenpruss, que afilia doce mil trabajadores, se tomó la decisión –en su asamblea nacional como máximo órgano resolutivo- de marginarse de este proceso electoral. Lo anterior, fundamentado en un voto político que comprende congelar el pago de cuotas y revisar la permanencia en la central en los próximos meses. Dicha medida no sólo se debe a los problemas de transparencia financiera vividos por la CUT, a la ausencia de padrones públicos y a su escasa representación sino que, principalmente, a su nulo posicionamiento en el proceso de cambios sociales y estructurales en conjunto con los diversos movimientos sociales emergentes en un Chile que está cambiando. Ni qué hablar de conducir esos cambios, como ocurrió en la mayor parte de la historia de Chile.
Fuimos gestores de la denominada Carta de los Siete, junto la Confusam, Conutt, Confederación Coordinadora de Sindicatos del Comercio (en la que participaban las tres federaciones originales), y CTC. En ese documento hicimos y mantenemos una dura crítica a la conducción de la central. La expusimos públicamente y participamos de las instancias internas donde se dio la discusión en los consejos directivos y en el congreso de la CUT. La crítica también se hizo en el ámbito interno, lo que fue rechazado por una mayoría construida de facto por la actual directiva de la CUT.
Tomamos la decisión de marginarnos de las elecciones de la central, no sólo como una señal ante el nulo cambio en la conducta política de sus dirigentes, sino como una alerta a nuestros compañeros/as de otras organizaciones sindicales que han manifestado también profundas discrepancias con el actual estado de cosas en la CUT.
Nos acercamos a un nuevo proceso electoral, en el cual uno de los partidos con una tradicional presencia en el mundo sindical, como es el Partido Comunista, debate internamente entre el grupo liderado por Guillermo Salinas, actual subsecretario general de la CUT (cargo que por lo demás no está en los estatutos de la central), y quienes optan por un cambio drástico con Cristian Cuevas a la cabeza. Las noticias del fin de semana indican que se mantiene la situación de status quo en el PC y se efectúa un arreglo cosmético en que se da la sensación de cambio sin alterar a los protagonistas. Es decir, se avanza por un lado con una dirigenta, que sería nueva en la disputa, encabezando la lista y, con sus dos candidatos más fuertes Cuevas y Gajardo como segundo y tercero respectivamente, más la presencia de uno de los dirigentes más criticados por las organizaciones sindicales disidentes y al interior del propio partido Comunista, el Sr. Guillermo Salinas, entre los 40 candidatos que lleva el PC. Debe recordarse que cuando se habla del duopolio Martínez-Salinas se quiere significar una forma de hacer sindicalismo que tiene doble responsabilidad.
Por el lado del otro actor relevante en la CUT, el Partido Socialista (con una alta tasa de militantes dirigentes/as sindicales), las noticias que llegan son poco alentadoras respecto de su propia discusión. Se intentó reactivar la comisión sindical como un medio de autonomizarse del martinismo pero ello fue visto por la actual conducción de la CUT como una maniobra para levantar una lista distinta a la que encabezará el actual Presidente de la CUT. A nivel de rumor subsiste que algunos dirigentes socialistas levantarían otra lista, sin Martínez.
Paralelo a ello se han producido una serie de situaciones que al menos hacen dudar de lo transparente del proceso electoral. Es inexplicable que, por un lado, se pida que todas las Federaciones y Confederaciones estén al día en sus cuotas, y por el otro, se acepte que las organizaciones bases de estas organizaciones ingresen sólo con el pago de las cuotas correspondientes a los tres meses previos a las elecciones. Al aceptar dichas nuevas incorporaciones no sólo aumentan las dudas acerca del proceso ¿dobles cotizaciones, dobles contabilidades de afiliados? sino que generan climas de guerrillas internos en las respetivas organizaciones. Se están sembrando vientos y se cosecharán tempestades.
Por otra parte, se ha solicitado formalmente el padrón electoral de la CUT, vía Dirección del Trabajo (con la Ley de Transparencia). Lamentablemente aún no está disponible pero entendemos que quienes lo solicitaron están dispuestos a ir a la Justicia y a los Tribunales si es necesario. La pregunta que nos hacemos es ¿por qué insistir en continuar con estas elecciones del Consejo Directivo Nacional de la CUT, sin enfrentar los problemas existentes? Problemas que, resueltos, pueden dar origen a una central protagonista de los cambios sociales que el país necesita. La única respuesta posible es que los llamados “partidos obreros” están prisioneros de sus propios errores históricos.
A estas alturas del camino, no sabemos si la actual directiva de la CUT pasa o no agosto, con las elecciones de por medio. Para muchos el dictamen del tribunal electoral de la ANEF, marca un antes y un después en el escenario sindical. Sería un desastroso panorama para el movimiento sindical presentar impugnaciones al proceso electoral de la central y que, de conformidad a lo que esté ocurriendo, se invalide esta elección.
El cuadro es desolador, grandes organizaciones sindicales fuera de las elecciones, muchos sindicatos sin reconocerse en la central y un grupo de dirigentes y agentes partidarios que controlan el padrón electoral y por tanto los resultados electorales. En este cuadro muchos optaremos por nuevos rumbos. Eso lo que está en juego hoy y que al parecer no se entiende.
* Claudio González Jara, dirigente Nacional Fenpruss. Consejero Nacional CUT 2008-2012
Hace algunos días que hemos podido darnos cuenta cómo el tema de discusión en cada mesa de nuestro país es “El sueldo mínimo” (o mini-sueldo mínimo), pero pocos nos hemos preguntado cuáles son las consecuencias de vivir con un sueldo mínimo actual de $182.000.
¿Cómo distribuye la gente este dinero? Gastos comunes, alimentación, transporte, salud, vestuario, educación, dividendo (o arriendo), etcétera. Estas cosas que para muchos son básicas, para muchos otros no logran serlo ya que no les alcanza el sueldo. Una persona con un sueldo mínimo no alcanza a cubrir ni la mitad de estas necesidades en una forma digna. Quiero centrarme en un sólo punto –que es además el que utilizó Evelyn Matthei para responder mi pregunta– y es primordial para el progreso de nuestra sociedad; me refiero al factor educación.
Hoy existen muchos métodos diferentes de financiar la educación mediante la posibilidad de optar a créditos y demases, pero todo tiene su precio y lo que pasa cuando los padres trabajan a cambio de un sueldo mínimo es que, o estudias y quedas endeudado, o terminas sin estudios, en algún trabajo donde recibas un sueldo mínimo, igual que tus padres.
Lo único que aquí se logra es repetir el círculo en la mayoría de los casos. Somos uno de los países más desiguales del mundo, pero, por otro lado, en el último estudio de la Imacec, se nos presenta una cifra que hace ver un Chile con 5.3% de crecimiento en la actividad económica. Puedo rebatir esto sólo con mencionar que el decil más rico gana 27 veces más que el decil más pobre, por lo que el crecimiento es sólo para un grupo de la población y así todo esto se convierte en un círculo vicioso donde –aunque suene repetido–los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
¿Por qué es importante para el área de la educación, poseer un sueldo mínimo decente?
Según las declaraciones de Marco Kremerman, economista de la fundación Sol, en el programa “Tolerancia Cero”, el sueldo mínimo debe ser de al menos $270.000, aunque para un país tan “avanzado” como dice ser a nivel latinoamericano, aún así seguiría siendo un mini-sueldo mínimo.
El problema de la inequidad en Chile se ha tratado de resolver mediante la entrega de bonos y subsidios, pero no mediante la elevación del sueldo mínimo. ¿Por qué? Me imagino que esto se debe a que los bonos y subsidios son un beneficio que se le da sólo a ciertas personas y no bajo un método igualitario como el sueldo mínimo, sino que por un método de selección y clasificación según una serie de requisitos que debe cumplir la persona para optar a ser beneficiada; además agregar que los bonos se entregan sólo una vez y no de forma permanente, por lo que sólo sirven como solución parche y método populista para mantener a la gente en paz, dejando de lado la opción de obtener una solución ante el problema de fondo que es la mala distribución del ingreso en nuestro país.
Pero vamos al punto.
Es importante obtener un sueldo mínimo decente para que las personas tengan la posibilidad de entregar a sus hijos un futuro lleno de estudio y progreso, para ser lo que ellos no han podido y lo que sus hijos han soñado. Es señal de avance y progreso social el escuchar a las familias decir en base a su esfuerzo “Él es mi hijo y este es su título, es el primero de la familia en entrar a la universidad” (o algo parecido). Si no rompemos con este círculo vicioso, entonces el crecimiento continuará siendo sólo hacia un lado de la balanza continuando con el desequilibrio en la distribución del ingreso, lo cual imposibilitará pensar en un crecimiento socio-cultural, que es lo más importante en la base de la construcción de un nuevo futuro a nivel país. Da lo mismo tener un crecimiento del 5.3% si nuestra gente no lo percibe, da lo mismo crecer y crecer si sólo es para el mismo lado de siempre.
Todo está ligado, con un mini-sueldo mínimo: lo único que se puede obtener es una mini-educación, una mini-salud, una mini-calidad de vida. Tomo una frase de Marco Kremerman “No puede ser que una persona que trabaje 45 horas a la semana sea pobre”.
Subir el sueldo mínimo de $182.000 a $193.000 es humillar a nuestros trabajadores. Si vamos a hacer cambios, que sean cambios reales, $11.000 ó $17.000 pesos más no hacen nada en el bolsillo de las familias. Nuestros políticos hablan de esto casi con la certeza de que con un par de miles más, la gente solucionará todos sus problemas económicos. “Cien mil” no suena tan lindo como “doscientos mil”, pero los dos son una miseria.
Una posible solución es la urgente reforma tributaria y un sueldo mínimo real, NO un mini-sueldo mínimo que alcance para una mini-calidad de vida.
Además, aprovecho este espacio para dar una respuesta a la “respuesta” (lo pongo entre comillas porque la verdad es que no me respondió, debido a que “se nos fue por las ramas”) de la señora Evelyn Matthei, Ministra del Trabajo, en relación a mi pregunta en el programa Tolerancia Cero (Capítulo Domingo 15 de Julio) “¿Cómo enfrentaría usted la inequidad en la distribución de ingresos? Los bonos son soluciones parche y medidas populistas que no solucionan el problema de raíz”.
Señora ministra, usted dijo durante el programa “la gente pobre es la razón por la que entré a la política” eso lo dice con un sueldo de $7.805.420 (dato extraído de la “Ley de Transparencia”). Por lo demás, nos comparó con Perú, diciendo que su sueldo mínimo corresponde a $140.000 chilenos, lo cual no es comparable, ya que nosotros ocupamos el segundo ingreso per cápita de latinoamérica y Perú el sexto (Cifras Banco Mundial), por lo que, dijo, “$250.000 es un exceso”. Señora ministra, usted quiere implementar la flexibilidad laboral, esto ayuda a reducir aún más los ingresos del trabajador, lo que me lleva a recordar otra de sus frases “queremos terminar con la pobreza y vamos a terminar con la pobreza extrema en este gobierno”. ¿Cómo? ¿Con más bonos, subsidios y la flexibilidad laboral? Lo más patético, señora Evelyn Matthei, es que usted, tenga la cara para ir a un programa queriendo hacer de esto una película bonita para todos los chilenos y no leer la letra chica de sus proyectos.
El llamado es a no conformarse con un “es lo que hay”. Abrir los ojos es fácil, siempre y cuando se quiera hacer, pero es trabajo de la ciudadanía.
Por: @AlisonVivanco
¿Cómo distribuye la gente este dinero? Gastos comunes, alimentación, transporte, salud, vestuario, educación, dividendo (o arriendo), etcétera. Estas cosas que para muchos son básicas, para muchos otros no logran serlo ya que no les alcanza el sueldo. Una persona con un sueldo mínimo no alcanza a cubrir ni la mitad de estas necesidades en una forma digna. Quiero centrarme en un sólo punto –que es además el que utilizó Evelyn Matthei para responder mi pregunta– y es primordial para el progreso de nuestra sociedad; me refiero al factor educación.
Hoy existen muchos métodos diferentes de financiar la educación mediante la posibilidad de optar a créditos y demases, pero todo tiene su precio y lo que pasa cuando los padres trabajan a cambio de un sueldo mínimo es que, o estudias y quedas endeudado, o terminas sin estudios, en algún trabajo donde recibas un sueldo mínimo, igual que tus padres.
Lo único que aquí se logra es repetir el círculo en la mayoría de los casos. Somos uno de los países más desiguales del mundo, pero, por otro lado, en el último estudio de la Imacec, se nos presenta una cifra que hace ver un Chile con 5.3% de crecimiento en la actividad económica. Puedo rebatir esto sólo con mencionar que el decil más rico gana 27 veces más que el decil más pobre, por lo que el crecimiento es sólo para un grupo de la población y así todo esto se convierte en un círculo vicioso donde –aunque suene repetido–los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
¿Por qué es importante para el área de la educación, poseer un sueldo mínimo decente?
Según las declaraciones de Marco Kremerman, economista de la fundación Sol, en el programa “Tolerancia Cero”, el sueldo mínimo debe ser de al menos $270.000, aunque para un país tan “avanzado” como dice ser a nivel latinoamericano, aún así seguiría siendo un mini-sueldo mínimo.
El problema de la inequidad en Chile se ha tratado de resolver mediante la entrega de bonos y subsidios, pero no mediante la elevación del sueldo mínimo. ¿Por qué? Me imagino que esto se debe a que los bonos y subsidios son un beneficio que se le da sólo a ciertas personas y no bajo un método igualitario como el sueldo mínimo, sino que por un método de selección y clasificación según una serie de requisitos que debe cumplir la persona para optar a ser beneficiada; además agregar que los bonos se entregan sólo una vez y no de forma permanente, por lo que sólo sirven como solución parche y método populista para mantener a la gente en paz, dejando de lado la opción de obtener una solución ante el problema de fondo que es la mala distribución del ingreso en nuestro país.
Pero vamos al punto.
Es importante obtener un sueldo mínimo decente para que las personas tengan la posibilidad de entregar a sus hijos un futuro lleno de estudio y progreso, para ser lo que ellos no han podido y lo que sus hijos han soñado. Es señal de avance y progreso social el escuchar a las familias decir en base a su esfuerzo “Él es mi hijo y este es su título, es el primero de la familia en entrar a la universidad” (o algo parecido). Si no rompemos con este círculo vicioso, entonces el crecimiento continuará siendo sólo hacia un lado de la balanza continuando con el desequilibrio en la distribución del ingreso, lo cual imposibilitará pensar en un crecimiento socio-cultural, que es lo más importante en la base de la construcción de un nuevo futuro a nivel país. Da lo mismo tener un crecimiento del 5.3% si nuestra gente no lo percibe, da lo mismo crecer y crecer si sólo es para el mismo lado de siempre.
Todo está ligado, con un mini-sueldo mínimo: lo único que se puede obtener es una mini-educación, una mini-salud, una mini-calidad de vida. Tomo una frase de Marco Kremerman “No puede ser que una persona que trabaje 45 horas a la semana sea pobre”.
Subir el sueldo mínimo de $182.000 a $193.000 es humillar a nuestros trabajadores. Si vamos a hacer cambios, que sean cambios reales, $11.000 ó $17.000 pesos más no hacen nada en el bolsillo de las familias. Nuestros políticos hablan de esto casi con la certeza de que con un par de miles más, la gente solucionará todos sus problemas económicos. “Cien mil” no suena tan lindo como “doscientos mil”, pero los dos son una miseria.
Una posible solución es la urgente reforma tributaria y un sueldo mínimo real, NO un mini-sueldo mínimo que alcance para una mini-calidad de vida.
Además, aprovecho este espacio para dar una respuesta a la “respuesta” (lo pongo entre comillas porque la verdad es que no me respondió, debido a que “se nos fue por las ramas”) de la señora Evelyn Matthei, Ministra del Trabajo, en relación a mi pregunta en el programa Tolerancia Cero (Capítulo Domingo 15 de Julio) “¿Cómo enfrentaría usted la inequidad en la distribución de ingresos? Los bonos son soluciones parche y medidas populistas que no solucionan el problema de raíz”.
Señora ministra, usted dijo durante el programa “la gente pobre es la razón por la que entré a la política” eso lo dice con un sueldo de $7.805.420 (dato extraído de la “Ley de Transparencia”). Por lo demás, nos comparó con Perú, diciendo que su sueldo mínimo corresponde a $140.000 chilenos, lo cual no es comparable, ya que nosotros ocupamos el segundo ingreso per cápita de latinoamérica y Perú el sexto (Cifras Banco Mundial), por lo que, dijo, “$250.000 es un exceso”. Señora ministra, usted quiere implementar la flexibilidad laboral, esto ayuda a reducir aún más los ingresos del trabajador, lo que me lleva a recordar otra de sus frases “queremos terminar con la pobreza y vamos a terminar con la pobreza extrema en este gobierno”. ¿Cómo? ¿Con más bonos, subsidios y la flexibilidad laboral? Lo más patético, señora Evelyn Matthei, es que usted, tenga la cara para ir a un programa queriendo hacer de esto una película bonita para todos los chilenos y no leer la letra chica de sus proyectos.
El llamado es a no conformarse con un “es lo que hay”. Abrir los ojos es fácil, siempre y cuando se quiera hacer, pero es trabajo de la ciudadanía.
Por: @AlisonVivanco
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