¿Un nuevo tropezón?
Hernol Flores Opazo
Las
ya históricas actitudes de los dirigentes de la Democracia Cristiana,
demuestran una rara disposición a tropezar siempre con la misma piedra que
desde décadas pasadas les ha causado la división del partido, la pérdida del
gobierno y, además, la caída vertical de
su condición de ”fuerza política
ostensiblemente mayoritaria dentro del país”, (según declaración DC de Marzo de 1969)
En
efecto, en la década del 60’, producto de cálculos políticos acuciados por la idea
de conseguir el poder, importantes líderes demócratacristianos realizaron una
abierta campaña en busca de una alianza electoral con el partido comunista.
Respondiendo a una carta del presidente del PC, Luís Corvalán, fechada el 25 de
Abril de 1961, el ex Presidente Eduardo Frei Montalva les expresaba: “¡Esta
es la hora para un gran esfuerzo de concordancia entre los que aspiran a dar a
Chile un nuevo régimen de instituciones que hagan realidad los cambios sociales
necesarios e inevitables!... A este propósito debemos decirle que no es cierto
que la Democracia Cristiana conciba su tarea e interprete su pasado y su presente, en función de del antagonismo
entre Democracia Cristiana y Comunismo”.
Como
estas seductoras frases no hicieron mucha mella en la dirigencia comunista
nacional, en Octubre de 1963 Frei viaja a Moscú en busca del apoyo que se le negaba en Chile. A su regreso, aún
cuando volvía con las manos vacías, sus loas a la Unión Soviética provocó que
el editorial del diario El Siglo del 20 de Octubre de 1963 expresara: “Eduardo
Frei viajó a la URSS y, como hombre cabal que es, ha regresado dando fe de su
realidad, revisando conceptos viejos y caducos, que más que conceptos suelen
parecer –y seguramente lo son- prejuicios que se baten en retirada……Las
declaraciones del senador Frei desdicen en forma clara a aquellos sectores de
su partido que aún pretenden cosechar frutos del más cerril y obstinado
anticomunismo.”
Declaraciones
como esta de los personeros DC, permitió que el partido comunista aumentara su
caudal electoral de 12% a 17% entre 1965 y 1969, mientras la DC bajaba de 44% a
31% en el mismo período.
La
fuerza de los hechos, que hizo cambiar bruscamente el curso del romance DC –
PC, permitió que la democracia cristiana accediera al poder en 1964, pero ahora apoyada por los sectores políticos abiertamente adversarios del comunismo.
No
obstante haber logrado su propósito, los personeros DC, lejos de reconocer el
apoyo de sus aliados de derecha que la llevaron al poder, y siempre
atemorizados por el slogan de que “en
Chile el que no es comunista es fascista”, no dudaban en aliarse con el PC
y asumir sus consignas en la acción política y en las elecciones de los cuerpos
intermedios, particularmente en los sindicatos de trabajadores.
Muy
seguros y gratos con esta cómoda
situación, el PC no tenía empacho en demostrar su menosprecio por el gobierno
democristiano, y dejaba claramente expresada su postura a través de su
Subsecretario General, José González, quien en un informe al Pleno del Comité
Central del Partido Comunista (diario El
Siglo del 28 de Junio de 1965) decía: “De lo que se trata es de que estemos en las
masas. Debemos estar allí donde está el grueso de la masa. Y esta concepción
del asunto nos obliga a no quedarnos al margen de las organizaciones que está
creando la Democracia Cristiana. Los comunistas debemos incorporarnos a ellas,
por cierto que no para hacer el juego al partido gobernante en su política
divisionista y reformista, sino que para darles a esos organismos su verdadero
carácter de clase e infundirles combatividad, para tomar en ellos la
iniciativa, para lograr que los problemas sean solucionados de acuerdo a los
intereses de los trabajadores. …Si el partido se decide actuar en los
organismos de masas junto a los democristianos –como debe hacerlo- el pueblo
nos entregará su confianza, elegirá nuestros camaradas para los cargos de mayor
responsabilidad, porque conoce nuestro temple, nuestra combatividad, nuestra
firmeza y nuestra lealtad para defender los intereses de nuestra clase y, con
ello, se desenmascara el carácter antipopular democratacristiano, el carácter
pernicioso de la influencia burguesa en el seno de las organizaciones de los
trabajadores”.
En
esta cruzada, los comunistas apoyaron decididamente una, ley enviada por el
gobierno que dio ingentes recursos a la “organizaciones de masas”, entre otros,
a los Centros de Madres y Juntas de
Vecinos, organismos que no obstante estar insertos en la estrategia de
Promoción Popular auspiciada por la DC, comenzaron a ser mayoritariamente
dirigidos por emboscados elementos pro
marxistas. Los mismos que al poco tiempo hicieron trizas la unidad de la DC y
crearon el MAPU y luego la Izquierda Cristiana.
En
una tardía queja, el diario DC La Prensa del día 20 de Noviembre de 1970, se
refería a sus ex militantes de la siguiente manera: “Son maestros del disimulo y la
traición. Con una mano palpan la espalda y con la otra afilan el puñal.
Especialistas del contrabando ideológico, son capaces de hacer pasar un camello
por el ojo de una aguja. Reyes de la mitomanía política, les produce asco y
horror la realidad, y viven en un esfuerzo perpetuo por huir de
ella. Burgueses recién conversos al marxismo, son capaces de cualquier cosa
para adquirir carta de ciudadanía “obrera”.
En
la misma Prensa, de Noviembre de 1971, don Jaime Castillo, comentando dolorosamente esta división, escribía: “El
hecho es tan interesante por la lección que encierra. Nos lleva a una forma
tenebrosa de militancia política. Nos sume en un mundo que no se conocía de
manera consciente: el de la simulación como forma de vida. Es bueno haberlo
sabido de un modo público en este momento. Y esperemos que aproveche a cada
cual”.
¿Aprovechará
de estos recuerdos el señor Walker y la actual directiva DC, cuando con la
misma ingenua e interesada soberbia de la década del 60’, hoy en 2013, lleva al partido al frente amplio de izquierda a que los convoca su mismo “aliado”
de ayer?
